Deja que la comunicación de las cosas urgentes aparezca, así como se deja sentir el viento en el rostro, de forma natural, espontánea y sobria.
Permite que las aguas del río fluyan libres sin necesitar tu permiso ni la comprensión de tu razón.
Contempla cómo la lluvia cae regando la tierra sin poder ver la mano que sostiene esa bendición.
Abre la mano para sembrar, dejando ir la semilla de manera abundante, sin egoísmo, la cual en reposo y en silencio de la tierra morirá, siendo su muerte nuestra prosperidad, hasta que alcance la resurrección de la espiga que multiplica el fruto, elevándose al cielo para completar su existencia y alimentar hasta cien por uno. Confía en que todas las cosas te ayudarán a bien, incluso cuando el propósito de ese momento permanezca oculto.
Ríndete a la sabiduría del que contempla cómo se desenvuelve el escenario supremo, donde los hombres se transforman en hojas de otoño que vuelven a la tierra después de bailar incansablemente la danza de la vida.
