Mi maestro se dio vuelta mirándome y, lentamente, comenzó
a aparecer una sonrisa que alejaba de mi toda la ansiedad que había
aparecido por la nueva solicitud de mi padre.
Se acercó, me dio un abrazo y me bendijo al decir:
-Que tengas un gran viaje y que este peregrinar por esa nueva senda
llene de inteligencia y sabiduría tu alma. Que el viaje sea tu felicidad,
hijo mío.
